VI. Tema Julio 2016

LÁPICES DE COLOR. DEGRADADO DEL AMARILLO AL CYAN PASANDO POR EL VERDE

Para Julio hemos decidido introducir una categoría nueva, un poco más visual. Era algo que llevábamos hablando desde casi el comienzo del blog. Al fin y al cabo, Marián y yo vemos el blog como una forma de ponernos retos creativos, para no estancarnos. Y ya que a las dos nos relaja mucho dibujar,  nos hemos propuesto hacer un dibujo cada una. Por supuesto, la temática será libre, no hay que ser demasiado ambiciosos. 

¡Esperamos que os guste el experimento!

Irma

V. Bajo la piel

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Todo empezó con una uña negra. Pensé que había sido un golpe. He asumido mi torpeza hasta tal punto que amanecer con un cardenal no constituye ninguna sorpresa.

         A los dos días, hasta me alegró ver que la uña que no se caería.

         Pero a los cuatro días todo el dedo estaba negro. No dolía, sorprendentemente. Era una de esas cosas que hacen más daño a la vista de los demás que a los sentidos propios. Pensé que era mi propio cuerpo reclamando mi atención.

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V. Ikli

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Se corta la mano. Besa el corte, retiene la palma y bebe la mano. Aparta la mano de la boca ávida, temeroso de no poder abandonar de no hacerlo, y desciende por la tierra cubierta de nieve, la mirada fija en las luces a unos escasos kilómetros detrás de la muerta arboleda. No hay retorno posible por el momento: debe demostrarse al menos eso a sí mismo. Le atenazan las despedidas, por eso no ha formulado las palabras. Aparta su rostro, duro e implorante al mismo tiempo, de sus pensamientos y se concentra en el suelo helado, en los cabellos que se agitan ante sus ojos.

Retiene en las pupilas su figura de espaldas, alejándose. Siente una mezcla de orgullo y deseo, pero vence el orgullo. Aunque se sorprende al comprender que no es orgullo propio, sino por él. Se siente orgullosa de que le haya pertenecido.

Sin interés por verle desaparecer lentamente en el paisaje helado, deja que la partida le pertenezca sólo a él y da la vuelta sobre sus pasos, revueltos sobre la nieve donde le ha alcanzado. Se encamina hacia la lona bajo la cual aún arde un fuego, y sabe que alguien camina como un animal acorralado, de arriba abajo, barriendo la tierra sucia allí donde la nieve se ha derretido con los bajos de su capa. Al verla llegar, Eretha apenas detiene la mirada en ella, y no cesa en su caminar circular. Le escapan chasquidos y resoplidos de la boca y la nariz. Sigue leyendo

V. Tema Junio 2016

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Creo que Marián y yo hemos sufrido la primera (y esperamos última) pausa en el blog. Como suele pasar en estas cosas, ha habido más actividad al otro lado de la pantalla que en la Libreta. Y es que han pasado muchas cosas importantes, que no graves: ahora mismo Marián está volando de aquí para allá, y yo en proceso de mudanza. La década de los veinte no parece ser un hervidero de estabilidad que digamos.

Pero aquí estamos de nuevo. La primera propuesta de este mes es algo peculiar. A ver si así logramos engrasarnos. Me ha tocado escoger varias frases o fragmentos que me hayan llamado la atención y que puedan tener suficiente relación entre sí como para colar entre medias una historia. Y aquí están, nada más y nada menos que Pizarnik, McEwan y Benedetti.

Ampáralo niña ciega de alma

Ponle tus cabellos escarchados por el fuego

Abrázalo pequeña estatua de terror.

Señálale el mundo convulsionado a tus pies

 A la espera de la oscuridad. Alejandra Pizarnik

Los odios vivifican y estimulan solo si es uno quien los gobierna; destruyen y desajustan cuando son ellos los que dominan.

Primavera con una esquina rota. Mario Benedetti

 Fui al sendero y pasé la mano por las hojas que tú habías tocado. Me llevé una impresión al descubrir lo diferentes que eran de las que no habías tocado.

El Intruso. Ian McEwan

 

Irma

IV. Encalar y no hacer preguntas

Encalaban las casas cuando algo sucedía dentro. Generalmente era alguna enfermedad, pero nadie se acercaba a menos de diez metros para descubrirlo. Era un pueblo de casas bajas, silencios a mediodía y llantos de mujeres cuando la tarde acaba.

Recuerdo cuando una mañana llegaron unos hombres a mi casa. Yo entonces era muy pequeña para entender el porqué, pero venían a encalar mi casa. Tras las paredes nos quedamos mi madre, mis dos hermanas mayores y yo. Mi padre y mi hermano pequeño se habían ido aquella mañana. Entre llantos y gritos, unos hombres vestidos de negro encajaron puertas y ventanas, dejando únicamente una ventana sin cubrir de polvo blanco, pero tampoco abierta una vez salieron por ella y la cubrieron por fuera.

Mis hermanas tenían doce y catorce años, y yo apenas unos siete. Mi madre les dijo de pronto que dejaran de llorar, que sólo sería por unos días, y nos apresuró a traer todos los candelabros que había en la casa. Antes de que cayera la noche, cubriendo cada rejilla y rendija a las que la cal no hubiera llegado, debíamos procurarnos luz.

Así comenzó todo.

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IV. Las 100 muertes de Rid Blake

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Ambos tenían cejas, pestañas y párpados cubiertos de hollín. Es normal entre los trabajadores del fuelle. El anciano, con sus labios resecos y agrietados, sonríe sus tres dientes negros y mastica la papilla que les llevamos para desayunar, sin parar de contar historias y chistes de su época como soldado. El más joven apenas me mira, barba hundida en su cuello, una cuchara que aparece y desaparece en tres poderosos movimientos, y me devuelve el cuenco con rapidez, reanudando su trabajo.

A pesar de que siempre mantiene la cabeza baja y conozco mejor el nacimiento de su pelo en remolino que su rostro, he podido observar que la barba ya comienza a unírsele con el pelo del pecho. El ceño siempre fruncido. Y antes de que llegue a los veinticinco comenzará a perder los dientes. Aquí todos los hombres envejecen de la misma forma. O quizás debiera decir que evolucionan de la misma forma; porque los niños parecen nacer ya viejos. Es como si el aire de nuestra fragua, El Fuelle, se te metiese en los pulmones con la primera inhalación al nacer, y ya estuviésemos destinados a consumirnos para siempre. De la peor manera.

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IV. Tema Noviembre 2015

Como habréis observado, este mes pasado el blog ha estado muy vacío. Casi desértico.

En Septiembre tratamos de innovar y escoger unos temas algo diferentes. El primero fue para conmemorar el día 23 de Septiembre, día Internacional contra la explotación y el tráfico de mujeres y niños. Y, aunque llegamos a publicar los posts, tanto Marián como yo estábamos incómodas con el resultado. Porque es un tema serio y, a pesar de que queremos atrevernos con todo, no queremos publicar de cualquier manera.

Así pues, en uno de nuestros cafés, decidimos quitarlos y programar los temas delicados con bastante tiempo de antelación. Para madurar las ideas. Porque, aunque en verano nos parecía más sencillo publicar dos cuentos al mes, estar satisfechas con ambos no es fácil. Y más cuando queremos escribir otras cosas fuera del blog.

Por eso, para el mes de Noviembre, hemos decidido publicar una foto con el comienzo de una historia que nos hemos propuesto la una a la otra. Me explico: en Agosto ambas nos compramos juntas unas libretas muy bonitas en las que escribir ideas. Y, para estrenarlas, cada una escribió en la de la otra una frase que diese comienzo a una historia.

Así que, aquí están las fotos (donde podéis observar lo poco que calco yo en el papel y la letra tan personal de Marián).

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Encalaban las casas cuando algo sucedía dentro. Generalmente era alguna enfermedad, pero nadie se acercaba a menos de diez metros para descubrirlo. Era un pueblo de casas bajas, silencios a mediodía y llantos de mujeres cuando la tarde acaba.

Irma

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Ambos tenían cejas, pestañas y párpados cubiertos de hollín. Es normal entre los trabajadores del fuelle. El anciano, con sus labios resecos y agrietados, sonríe sus tres dientes negros y mastica la papilla que les llevamos para desayunar, sin parar de contar historias y chistes de su época como soldado. El más joven apenas me mira, barba hundida en su cuello, una cuchara que aparece y desaparece en tres poderosos movimientos, y me devuelve el cuenco con rapidez, reanudando su trabajo.

Marián

Irma

III. Las 25 cosas más curiosas y/o ridículas que me han sucedido en estos 25 años

Siento haber tardado terriblemente en escribir esta vez. Le he dado muchas vueltas a este mensaje desde que se me pasó el plazo decente de publicarlo, y aqui van, las 25 situaciones y personas más extrañas y curiosas con las que me he topado jamás.

  1. El americano en Irlanda – o el día en el que a mi amiga, de visita durante mi Erasmus, y a mí se nos ocurrió que acceder a acoger a un tipo que habíamos conocido en un pub una noche en mi sofá para que se ahorrase el hostal antes de coger un avión era una buena idea. En resumen, salimos a tomar una cerveza con el tipo, que actuaba de modo extraño, hasta que nos dio sueño. Le di mi dirección y él vino a mi casa a las tres de la mañana, momento que aprovechamos para despertar a mis compañeras entre histéricas y gilipollas perdidas, para avisarles de que el tipo estaba durmiendo en el salón (aunque ya sabían que vendría), pero que nos había parecido muy raro. Luego, cogimos un taxi para dejar a mi amiga en el aeropuerto, cagadas de miedo, y nos despedimos. A la mañana siguiente, el americano me despertó con un SMS, y le despedí en la puerta. El pobre había dormido en el suelo del salón porque no cabía en el sofá, y le esperaba una buena resaca en su día de viaje. Me dio un abrazo y me dio las gracias.
  1. La fiesta de Jagger – y todos los chupitos de Jaggermaister, los bolígrafos para jugar al “bingo” que usamos para pintarnos pollas y escribirnos guarradas unos a otros en una discoteca entera, y mi momento desaparición en el descampado con un aleatorio que, borracho como iba, fue tierno e hizo una foto de mi cara para no olvidarse de aquella noche. Después de aquello, volví con mis amigas y tardamos dos horas en volver andando desde la discoteca hasta nuestro piso.

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